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lunes, 2 de febrero de 2015

Wormhole Finished

Salir del Wormhole se convirtió, en medio del trance de la noche, en una poderosa experiencia de triunfo heroico. Trajo consigo, entre otras cosas, una ráfaga de continuidad, de coherencia. Después del purpúreo vórtice las cosas finalmente adquieren sentido. Se completan. Luego de una victoria así, queda dicho, honor y gloria a todos los caídos, torrentes de sangre derramada por suelos metálicos de destellos multicolores, en fin, la preparación para nuevas venturas, vidas enteras, mundos enteros que somos... 

Uno de ellos es Doom, ya mencioné que lo he recorrido recientemente y, como ocurre siempre, me quedo pensando en esos términos de infiernos tridimensionales, y ese universo donde desgarrar, destripar y volar en pedazos son nuestro único modo de vivir o morir. 

En este caso se trata de una de las expansiones del Final Doom, por lo que algunos mapas son mucho más "conceptuales", intrincados, geniales y supremamente difíciles, llenos de secretos, llaves, objetos ocultos, laberintos, puertas falsas, ríos tóxicos y minotauros. 

El año comienza, a su vez, intenso. La gente en la calle enloquece y se arrancan los cabellos (lo hemos hecho, ya pocos nos quedan). De pronto estalla la guerra comunicacional en Twitter. La política y la "situación del país" invaden nuestras pobres almas y ponen a hervir el espíritu colectivo. Pasiones desgarradoras brotan en torno a cada acontecimiento... La mayoría no puede digerir tanta trascendencia, de pronto deja de entender, le cuesta explicarse, definirse, actuar. 

Por fortuna, dramas de este tipo pueden también conmovernos a risa, y en el fondo, semilla codificada, encapsulada, nos dejan una profunda enseñanza. Primero hay posibilidades de que sobrevenga el shock: Una mañana McDonalds de Venezuela amanece sin papas y la humanidad entera tiene que sufrirlo, a cada nivel de la existencia. Hemos visto a muchos huir de la irremediable locura de nuestros días. A un lugar como la Matrix donde pueda uno vivir engañado, alienado, tragando porquerías mientras una malévola máquina se alimenta de nosotros. Un escape perfectamente válido a la ansiedad que produce esa condición humana de la sospecha, de la duda, madre de la divagación, la meditación y el diálogo. Ah no. Matemos eso con el dulce néctar de manteca transgénica contenida en las papas de McDonalds. 

La enseñanza, como es natural que ocurra, alcanza a iluminar a algunos pocos y los acongoja con la incertidumbre, la desconfianza y la vacilación. ¿Vale la pena? Vale preguntarse. Esta vida / la otra. Siendo individuo de este mundo ¿necesito esas papas? ¿Se puede vivir en paz sin ellas? (y, se entiende, sin las cosas, el discurso, la ideología y el modo de vida que estas representan). Hay muchas otras alternativas de sublimación si es que el delirio en cuestión es la manteca: Toda Caracas está minada de perrocalenteros, calles del hambre, areperas, carmelos, polleras, cachaperas y los más diversos entes dispensadores de delicioso sustento. Da hambre de sólo pensarlo. Nada más existe para saciar el antojo que nos produce la ansiedad moderna y citadina que la bala fría y la inyección de azúcar carbonatada. Pero lo importante es entenderlo y hacerlo consciente. Comamos hasta reventar y exterminemos demonios en todas las dimensiones, con la mente clara, eso sí, anotando cada incidente en nuestra bitácora de horrores y victorias.   

miércoles, 14 de enero de 2015

Upgrade Caracas

Hoy, la fascinación por la realidad me ha llevado a pensar en la inacabable lucha de discursos que atormentan y angustian a los pobres habitantes de esta ciudad. Me parece absolutamente maravilloso que esto sea así. Estamos entrando a la madurez. En lo social, lo político, lo cultural. Día a día nuestras nociones de identidad e individualidad, modo de ser y pensamiento, libertad, realidad, verdad, son puestas a prueba frente a un macrocosmos de ideologías, customizadas por cada una de las personas con las que convivimos.

Es inevitable salir a la calle y que todos estemos súper-informados de lo que ocurre; infinitas versiones, en segundos. Obviamente las matrices más poderosas son los medios de comunicación, en su abominable vastedad, gracias a ese lado perverso que tienen. Polarizan, mienten, exageran, dramatizan y envilecen las noticias que consumimos en masa al lado del puesto de perrocalientes, empacadas en un rollo con la caja de Cónsul y, los más maniáticos, con un café y un bolígrafo detrás de la oreja (que son más que los aficionados a los criptogramas y a las carreras de caballo). Esos se dan por enterados y opinan constantemente, la mayoría ya de cierta edad, manifestándose dentro de una ideología que es una mezcla un tanto agria y añeja (según el caso) de los valores que hayan cultivado durante su vida.

Salimos a la calle y nos enfrentamos a ellos. Generaciones más modernas confluyen con nosotros en las universidades y en los centros comerciales. Su versión de la data es mucho más tecnológica, frágil y confusa. Digo que hay un porcentaje significativo que no sabe qué es lo que pasa, ni está en sus intenciones inmediatas enterarse. Simplemente sale a la calle y lo bombardean de información referente a todo. Irremediablemente caemos en el opio del consumo, cada quien con su dosis y estilo, pero todos estamos allí cautivos de un producto, una mercancía que nos adormece. Entonces mucha gente joven, o moderna, entiende lo que le pasa en relación estrecha y directa con los bienes y comodidades que posea. ¡Qué se caiga lo demás mientras sean aseguradas aspiraciones materiales! Es natural que sea así y nadie se asombra porque estamos metidos de cabeza en la cultura capitalista. Aunque lo aceptemos en menor o mayor medida, o no lo aceptemos, la vena está allí.

Todo esto que digo está más que discutido. Millones de millones de libros dan su versión sobre el tema y cada quien tiene su propia opinión formada.

Precisamente aquí en caracas están en ebullición. Y entran en combate perenne entre ellas todo el año. La gente corre al metro bajo la lluvia pensando en la situación del país. El tema pulula en las fiestas y celebraciones. En las oficinas, en los apartamentos herméticamente cerrados, en el autobús o en la Cherokee. Hay verdaderos destellos ideológicos que emanan del pueblo. Luz, luz. Aun en la oscuridad, el sueño de la luz.

Llevamos sobre los hombros, como cúpula dorada de la imaginación, la gesta heroica de nuestra independencia. Del lado que sea está allí, latente. La adoran, la sueñan, la envidian. Ha despertado el tiempo del reencuentro con esas figuras. Amor y odio en la calle, pura pasión. Cada venezolano reacciona de manera distinta y poderosa frente a la imagen de Bolívar, como nuestro padre, y de Venezuela, el auténtico paisaje venezolano, su música, su poesía, su vivir, como nuestra madre. Quizá esto no sea considerado así entre los que combaten con la idea del patriotismo, pero Bolívar y el paisaje original son mucho más que patriotismo, creo yo. En la actualidad se desencadenan batallas de discursos a toda hora y en cualquier esquina, motivadas por diferencias estructurales, morales, filosóficas, religiosas, etc... aunque tal vez articuladas de manera rústica, prosaica, material, pero constante en todos los ámbitos del día a día, del discurso y la conversación (gracias a un lenguaje y una conciencia de las cosas que están despiertos (y deslumbrados) porque estamos en revolución.


Nuestra coyuntura social arde en fuego de creación. Sin lid y ofensión ninguna cosa engendró natura. Se han visto casos de gente desprevenida que es presa de la vorágine de conceptos, imaginarios, ideologías, sin saber siquiera lo que pasa, pero inmediatamente puesta a fabricar su propia explicación al respecto.